En las primeras etapas de una empresa, muchas decisiones pueden resolverse de manera directa. El…

Crear una empresa también significa decidir cómo queremos construirla

Pero antes de que esa idea se convierta en una organización, existen otras decisiones menos visibles que pueden tener una enorme importancia en el futuro: quién participa, cómo se tomarán las decisiones, qué responsabilidades tendrá cada persona, cómo se distribuirán los beneficios, qué ocurrirá si alguno decide retirarse y qué reglas deberán existir para enfrentar escenarios que hoy todavía parecen lejanos.
Crear una sociedad no debería entenderse únicamente como cumplir con un procedimiento para constituir una empresa. Es también darle una estructura a una relación empresarial.
Una buena planeación inicial permite conversar sobre temas que pueden resultar incómodos cuando todo marcha bien, pero que se vuelven indispensables cuando aparecen diferencias, crecimiento, nuevos socios o cambios en la participación.
La asesoría durante esta etapa puede ayudar a que las decisiones no se tomen solamente por intuición o entusiasmo, sino considerando el proyecto que se quiere construir.
Porque una sociedad no se define únicamente por su documento de constitución. También se construye a partir de los acuerdos, responsabilidades y reglas que permitirán que las personas que la integran puedan trabajar juntas.
Una empresa comienza mucho antes de abrir sus puertas. Comienza cuando quienes la crean deciden cómo quieren relacionarse para hacerla posible.